martes, 6 de julio de 2010

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jueves, 1 de julio de 2010

Elizabeth Amber

Lords Of Satyr

~Traducido por Natichi~

01. Nicholas



Son los últimos de un legendario linaje de la aristocracia de otro mundo, los Lores Satyr, nacidos para la riqueza, el poder, y con un talento para el deleite sensual con el que los simples mortales solamente sueñan. Habiéndoseles ordenado casarse, estos hombres apasionados viajarán a Roma, Venecia y París y por el camino exploraran deseos tan desvergonzadamente perversos como completamente divinos. Nicholas solo parece ser lo que se ve a simple vista—el apuesto y próspero heredero de una viña en Toscana. Pero Nicholas es mucho más que eso, porque es uno de los últimos de un antiguo linaje de sátiros. Y el rey moribundo de ElseWorld no solo quiere que se case, sino que lo haga con una de sus propias hijas—mitad humanas, mitad Faerie—quién es inconsciente de su herencia. Nicholas no eludirá su deber de producir herederos para proteger los legados bajo su cargo, pero nunca ha planeado hacer de su novia su única amante. El hambre sexual y las destrezas sensuales de un sátiro son legendarias. Una sola mujer nunca lo satisfará. O eso es lo que cree Nicholas hasta que conoce a Jane. Tan briosa como es fantasiosa, tan hermosa como inocente, está sin embargo determinada a lograr que su nuevo marido sea solo suyo y para eso está dispuesta a que él le enseñe cada uno de los secretos deliciosamente carnales que conoce.

Prólogo

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02. Raine



Cuando King Feydon estaba tendido en su lecho de muerte, escribió una misiva a los hermanos Satyr, suplicándoles que encontraran a las tres hijas que el Rey Fae engendrara con mujeres humanas hace muchos años. Los tres hermanos deben casarse con una de las mujeres mitad Fae para protegerlas de aquellos que buscan utilizarlas para destruir el reino mortal.

Pero el destino intervino para asegurar que cada hermano encuentra su pareja perfecta en la mujer a quien han sido obligados a proteger. Raine descubre el amor en su futura novia, Jordan, a pesar de que ha jurado nunca amar o entregar nuevamente su confianza a una mujer después que su ex-esposa intentara destruir a la familia con rumores sobre las prácticas realizadas a puertas cerradas por los hermanos Satyr.

Los hechizos de protección que los hermanos Satyr tejen para sus compañeras exigen los fuertes vínculos del matrimonio, pero Jordan es diferente de cualquier mujer que Raine haya conocido antes, y convencerle de que se case con él es más fácil de decir que hacer.

Prólogo

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Raine - Primer capítulo

Prólogo

Propiedad Satyr, Toscana, Italia
Septiembre de 1823

Hace unos meses, una carta en pergamino rociada con un rastro preocupante de magia de ElseWorld llegó a la propiedad Satyr en EarthWorld. Escribita por el King Feydon, se leía....


Lores de Satyr, hijos de Baco,

Deben saber que estoy tendido moribundo y nada puede hacerse. Como mi tiempo está cerca, el peso de las indiscreciones pasadas me persigue. Debo hablar de ellas.
Hace diecinueve veranos, procreé hijas sobre tres mujeres humanas de alta alcurnia de EarthWorld. Sembré a mi semilla mientras estas mujeres dormían, dejando a cada una inconsciente de mi visita nocturna.
Mis tres hijas han crecido y ahora son vulnerables, deben ser protegidas de fuerzas que intentan dañarlas. Mi último deseo es que las busquen y las pongan bajo su protección. Pueden encontrarlas entre la sociedad de Roma, Venecia, y París.
Esa es mi voluntad.

El fallecimiento inminente del Rey Feydon y las noticias de que sus tres hijas mitad humanas, mitad Fae estaban en peligro envían a los tres apuestos Lores Satyr en busca de las novias FaerieBlend . Las Fuerzas que protegen la puerta entre EarthWorld y ElseWorld entran en un reflujo bajo cuando uno de los hermanos está ausente de la propiedad así que deben partir individualmente. Nick, el hermano mayor ya ha descubierto y se casado con Jane, la primera de las hermanas.
Ahora es el turno del segundo hermano, Raine. Pero él ha estado casado antes, un matrimonio desastroso por cierto. Aunque está dispuesto a cumplir con su deber y casarse otra vez, es reluctante a compartir su corazón...

Nicholas - Primer Capítulo

Prólogo

Propiedad Satyr, Toscana, Italia
1823

Era luna llena y una noche de Llamada.
Los Señores de los Sátiros se encontraban en silencio en el punto de encuentro sagrado en el corazón de la antigua viña de la familia. El instinto los había impulsado allí. La necesidad los alimentaba.
Se detuvieron debajo de una gran estatua –la más imponente de aquellas que rodeaban la aislada cañada. Encima de ellos sobre un pedestal, Baco estaba de pie congelado en piedra. Las parras se entretejían en su pelo, y llevaba una copa de vino se su una mano extendida como si estuviera ofreciendo un brindis en celebración de lo que estaban a punto de hacer.
El primer rayo de la luz de la luna disipó las tinieblas, empapando a los Señores en su plata, revelando su desnudez. Casi al unísono, fueron embargados por calambres que se extendieron cruelmente sobre sus estómagos tensos. Se encorvaron, sus rostros retorcidos en muecas. Crudos quejidos, mezcla de dolor y placer estallaron en sus gargantas cuando ocurrió el último cambio físico de la noche de la Llamada.
Nicholas, el mayor, se recuperó primero.
Sus ojos dieron un rápido vistazo de la cañada. Estaban protegidos, lo sabía. Los desconocidos nunca iban allí. Cuando los seres humanos se acercaban demasiado eran repelidos por una fuerza que no comprendían.
Quiso enderezarse y ponerse de pie, aliviado de que la agitación hubiera pasado. Odiaba sentir la indefensión que siempre acompañaba el Cambio. No podía permitirse ser vulnerable, ni siquiera por ese breve momento. Había demasiado en riesgo.
Sería peligroso que alguien viera a él o sus hermanos en este estado. Era una criatura extraña ahora, apta solamente para un harén o burdel que satisficiera a aquellos con un gusto especial por lo bizarro. Justamente la clase de lugar que solía frecuentar, él tenía un muy especial sentido del humor.
Se tocó, deslizó un pulgar y dos dedos a lo largo de la recién despertada carne de la raíz a la cima. Su pulgar encontró la gota de humedad en el pliegue en su punta y la desparramó despreocupadamente.
El último Cambio de Moonful lo había dotado con este nuevo eje de hueso y tendones- esta segunda polla rasgada de su propia carne. Se extendía larga y dura desde de su pelvis, y temblaba con hambre. Solo ligeramente un poco más pequeña que la enorme polla que ya se encontraba arraigada bajo la mata de vello, ansiaba el alivio tanto como su gemela. La calmó, acariciándola. Imitando la bienvenida que descubriría pronto entre muslos de sexo femenino, mientras esperaba que sus hermanos pasaran por un cambio similar.
A su orden, los jirones de niebla que se movían por la cañada comenzaron a girar en círculos para luego detenerse, tomando forma - cambiando. Las formas iridiscentes surgieron del vapor y se solidificaron en Shimmerskins - mujeres inanimadas habían atendido al sátiro desde tiempos remotos. Sus suaves manos acariciaron su recién cubierto tronco, brindándole confort.
Momentos después, los tres Señores se movieron para perseguir sus placeres individuales separadamente. Sus instintos eran más animales que hombres ahora, sus mentes atraídas por un solo objetivo.
Las Shimmerskins se movieron ante ellos como autómatas exuberantes, preparándose diligentemente para cumplir el papel para el que habían sido diseñadas. Ansiosamente, caminaron silenciosamente a los pequeños altares planos que salpicaban la cañada. Sus sonrisas eran vacuas, sus movimientos planeados.
Pechos y abdómenes se apoyaron sobre el granito frío cuando se inclinaron hacia adelante sobre las lajas de piedra, con sus piernas extendidas y sus pies descalzos plantados en el musgo. Sus orificios automáticamente humedecidos y preparados mientras se postraban, aguardando el placer de los Señores, justo como legiones incontables de su clase se habían brindado allí durante siglos.
Cada hermano escogió a una Shimmerskin y se acomodó detrás de ella.
La luz de la luna captaba el resplandor de cobalto de sus ojos cuando Nicholas se puso de pie sobre una Shimmerskin dorada. Con sus pulgares, presionó las puntas rojizas y agotadoras de sus pollas en las aperturas anales y vaginales expuestas. Al igual que sus hermanos, necesitaba dos aperturas de sexo femenino inmediatamente para su primera cópula de esa noche. Su segunda polla requería solamente una eyaculación y se retiraría después dentro de él hasta que el Moonful del próximo mes.
Sus palmas se aplanaron sobre la piedra a los costados de sus caderas. No la preparó como debería haber hecho con una mujer humana. Las Shimmerskins no sentían dolor. O placer, aunque lo fingían bien.
Un retumbo bajo brotó en su pecho mientras miraba su suave y brillante trasero. Con un áspero gruñido, se hundió profundamente.
Ella gimió como siempre hacían las de su clase cuando eran violadas. Cerca, sus hermanas se hicieron eco del sonido femenino. No significaba nada, lo sabía. Todo lo que hacían estaba programado para incitar la pasión del macho. Para él solo tenía un propósito y ella lo llevaría a cabo, sin importar lo obsceno o vicioso que pudiera ser.
Se retiró y se hundió otra vez, y otra vez. Dobles punzadas la sacrificaban a sus pesados movimientos rítmicos. Sus tejidos adoraban sus pollas como puños mojados, llevándolo a su liberación con precisión metódica.
Vagamente, sintió la exultación de sus hermanos en su rutina, y eso alimentó la suya. La sangre Satyr los vinculaba, causando que compartieran las emociones cuando la tensión las agudizaba.
Por largos momentos, la descarnada bofetada de acalorada carne sonaba fuerte en el silencio de la cañada. Nick cargó con absurda, despiadada fuerza, ansioso de recibir las atenciones de las otras Shimmerskins cuyas manos lo tocaban y acariciaban, mientras aguardaban su turno.
Faunos, ninfas, faeries, y ménades esculpidos en la roca y para siempre enzarzados en abrazos carnales miraban el enfermizo escenario con lozana aprobación. Baco sonreía con indulgencia, satisfecho.
El éxtasis se disparó, la pasión de cada hermano se basaba en la que el otro experimentaba. Por un rato, Nick se perdió debido a la cópula animal.
Al final, sus testículos se elevaron, se tensaron. La cruda necesidad se enroscó en su vientre.
Tres gritos triunfales de liberación sonaron casi inmediatamente. Cálidas semillas mojadas fueron arrojadas. Los pasajes interiores de las Shimmerskins convulsionaron en aceptación.
La respiración de Nick atravesó como una sierra sus pulmones en el período subsiguiente a la satisfacción angustiosa y vacía.
Apretó sus dientes contra el nuevo dolor mientras su segunda polla, ahora saciada, retrocedía del ano y el trasero de la Shimmerskin al interior de su pelvis. El afilado borde de la necesidad no se había embotado. Pero requeriría solamente una apertura de sexo femenino ahora.
La Shimmerskin dorada se disolvió en la nada de la que venía. Nick puso una víctima fresca bajo él.
Órdenes masculinas y gruñidos se mezclaron y flotaron sobre senderos de neblina. Todos fueron capturados por una suave brisa mientras los Señores de los Sátiros saciaban su lujuria hasta el amanecer.

Fragancia de oscuridad - Primer capítulo

Capítulo 1

-¡Pasa el vodka! Quiero hacer un brindis -los chicos Wilder gritaron, pero Konstantine Wilder, descendiente de una larga línea de guerreros, no sería disuadido por las malas maneras de su prole de dudosa reputación.
Ellos refunfuñarían y sus invitados deberían sonreír, pero todo el mundo de la pequeña ciudad de montaña de Blythe, Washington, esperaba que él diera un discurso durante una de las celebraciones de la familia Wilder. Sus palabras eran tan parte de sus ocasiones especiales como las mesas de picnic repletas de manjares como kasha y tabaka, y otros americanos como los perritos calientes y mazorcas de maíz, como la música rusa y el baile, como las partidas de póker, como la buena compañía.
Él no los defraudaría.
Andando a zancadas ante la llameante fogata, ocupó su lugar como centro de atención. Su voz irrumpió a través del grupo de invitados.
-Mi mujer y yo huimos de la madre Rusia con los demonios del infierno tras nuestros talones. Vinimos a esta tierra de leche y miel -movió sus manos para abarcar la larga extensión de su valle-. Y aquí hemos prosperado. Cultivamos uvas, las mejores de Washington. Tenemos nuestro propio jardín. Nuestra propia cabra. Nuestras propias gallinas. Más importante, criamos a nuestros hijos.
La gente de Blythe se removió en sus asientos para sonreír a sus hijos, manteniéndose juntos como tres corderos para el sacrificio.
-Jasha ha crecido fuerte, alto y apuesto, como yo -como Konstantine más de lo que ninguna de esas gentes pudiera imaginar o entender. Un lobo-. Él tiene-¡es el cabecilla!-su propia compañía de vinos en Napa, California, y usa las uvas de su padre para hacer buen vivo -Konstantine elevó una botella de la mesa y la enseñó a todos la etiqueta-. Él es elegante. Es adinerado. Es el mayor, mi hijo primogénito, aún así, a la edad de treinta y cuatro…
-Aquí viene -dijo Jasha por la comisura de sus labios.
-No le tiene respeto a su padre, cuyo oído es excelente.
-Lo siento, papá -sin embargo, Jasha plantó sus pies a la altura de sus hombros en el suelo y cruzó sus brazos sobre su pecho.
Konstantine no estaba impresionado por la disculpa o la postura. Vio el destello rojo en lo más profundo de los ojos dorados de Jasha.
-Aun así, a su edad de treinta y cuatro, está soltero.
Rurik codeó a Jasha lo suficientemente fuerte como para zarandearlo de lado.
-Me parte el corazón. Quizás alguna de vosotras, jóvenes señoritas, consentiría casarse con él. La semana que viene, hablad conmigo. Haremos los arreglos -Konstantine asintió, satisfecho al tachar un elemento de su lista mental.
Casar a mi hijo mayor.
Precedió con su siguiente víctima.
-Rurik es un aventurero.
-Un arqueólogo, papá -dijo Rurik.
-Arqueólogo, aventurero-veo las películas de Indiana Jones. Son lo mismo -Konstantine descartó las objeciones de Rurik con un gesto de su recia mano-. Rurik es listo, muy listo, con muchos grados sutiles. También es apuesto, como su padre.
Los ojos de Rurik, del color del brandy, su suave pelo marrón, y sus perfectos músculos lo hacían una presa para las señoritas. Incluso su padre podría decirlo.
-No es tan rico como su hermano. Aún así cuando yo muera, recibirá su parte de mi tierra aquí en la preciosa Cordillera de las Cascadas, así que tendrá dinero para el matrimonio. Menciono esto porque aún, a la edad de treinta y tres…
Con un sonoro puñetazo, Jasha golpeó a Rurik en el hombro.
-…él está soltero. Me rompe el corazón. Quizás alguna de vosotras, jóvenes señoritas consentiría casarse con él. La semana que viene hablad conmigo. Haremos los arreglos.
Los hombres de Blythe se reían, pero las mujeres estaban evaluando a sus hijos. Cierto, Blythe era un pequeño pueblo de sólo 250 personas incluyendo las granjas de la periferia, así que algunas mujeres eran muy jóvenes y otras habían pasado la edad fértil, y no pocas tenían piernas como troncos de árboles y la piel como la corteza. Pero los chicos ya habían estado fuera, por el vasto mundo, por más de diez años y ni siquiera habían traído a casa una esposa, y situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
Konstantine quería mecer a un nieto antes de morir.
Si todo hubiera resultado tal y como Zorana y él planearon treinta y cinco años atrás, cuando vinieron a ese país, él podría hablar ahora de Adrik…
Sus invitados se callaron mientras esperaban, viendo su pena, respetando su angustia.
Adrik estaba perdido para ellos. Perdido en el pecado de su propia alma. Perdido en el aliciente del pacto.
Konstantine dio un largo y tembloroso respiro. Cuadró sus hombros, y expulsó con firmeza el dolor en su pecho. Con una ancha sonrisa, hizo un ademán hacia Firebird.
-Y finalmente, tenemos a nuestra propia hija. Hoy celebramos, no sólo el Día de la Independencia de los Estados Unidos, sino el vigésimo primer cumpleaños de Firebird.
Incluso después de todos esos años, no podía creérselo. Por cientos de años, nadie en su familia había engendrado a una hija. Sin embargo, él sí. Su propia niña, su bebé, su milagro.
El amor y la gratitud afloraron en su pecho con tanta fuerza, que apenas podía hablar mientras la miraba, tan bonita, con el pelo rubio que ella insistió en cortar en una poco femenina medida, y ojos azules tan brillantes y decididos. Siempre decidida, su hija. Decidida al dar sus primeros pasos tras sus hermanos, decidida al entrenarse en su gimnasio, decidida al caminar otra vez después de que las irregulares barras se rompieran, finalizando sus sueños.
Aunque aquella noche sus ojos no estaban tan brillantes.
Había crecido durante su último año de preparación en la universidad. Ahora era una mujer, con sus silencios y misterios de mujer.
¿Cómo había ocurrido?
-Mi Firebird, ella es preciosa, y más inteligente que sus hermanos.
Ambos golpearon los hombros de Firebird, pero dulcemente. Sus hermanos siempre eran tiernos con Firebird.
-Consiguió becas para cuatro universidades -Konstantine alzó cuatro dedos para enfatizarlo-. Fue a Brown, una escuela de mucho prestigio, y finalizó en sólo tres años con un graduado en programación de software y otro en japonés -golpeó su pecho con orgullo-. Ahora, os preguntaréis: ¿qué tiene de bueno tanta educación en una mujer?
Su audiencia volvió a reír.
-No lo sé. ¿Qué hombre quiere una mujer más inteligente que él? -inquirió.
-Ahora es lo que todo hombre tiene -dijo Zorana.

Toque de Oscuridad - Primer Capítulo

Prólogo

La noche en la que todo comenzó

-Quiero que me cubras las espaldas-Konstantine le pasó a su hermano la botella y señaló hacia el campamento del valle que había abajo-. Voy a coger a la chica Gitana.
-Se supone que no debemos molestar a los Gitanos-Oleg tomó un largo trago de vodka-. ¿Recuerdas? Está escrito. Cualquier mujer es nuestra para follar, excepto esas Romaníes.
Konstantine mostró sus blancos y afilados dientes en lo que pasó por una sonrisa.
-Me pregunto por qué-la familia Varinski no tenía reglas. Casi ninguna regla. Podían hacer lo que quisieran-secuestrar, robar, torturar, asesinar-y nadie podría pararlos.
Pero existía una antigua ley.
No podían tocar a una mujer gitana.
-Los Gitanos son asquerosos-Oleg escupió en dirección al campamento, y el escupitajo se evaporó al tocar el suelo congelado. Ese otoño era tan frío como los pechos de una bruja, con una gelidez temprana que había arruinado los cultivos y puesto un filo hambriento en el carácter de cada uno-. Cogerás una enfermedad.
-¿Qué me importan las enfermedades? Lo único que me puede matar, hermano, eres tú.
-No te mataría-dijo apresuradamente.
Oleg tenía la edad de Konstantine, y casi el mismo tamaño: dos metros, bien musculados, con grandes puños. Mejor, Oleg era un gran luchador. Pero le temía al dolor. Cuando tenía que luchar, lo hacía, pero no le gustaba.
Konstantine lo amaba. Amaba ganar, por supuesto, pero más que eso, amaba todo lo relacionado con una pelea. Amaba trazar sus estrategias mientras estaba en pie, figurándose quién sería el siguiente en atacar y cómo, calculando cuál de sus enemigos era más fácil de vencer y cuál requería un esfuerzo extra. El dolor actuaba como estimulante, y el rojo era su color preferido.
Aquella noche Konstantine quería más acción. Supuso que allí habría probablemente cuarenta personas en el campamento Gitano: treinta hombres y mujeres de quince a setenta años, y diez niños.
-¿Acaso no hemos peleado fuerte esta noche? ¿No nos hemos lavado las manos en la sangre de nuestros enemigos?
-No eran nuestros enemigos-Oleg clavó su mirada en las fogatas del campamento-. Era únicamente otro trabajo.
-Sea quien sea al que nos hayan contratado matar, es nuestro enemigo-Konstantine cogió la botella y bebió hasta que el vodka quemó sus tripas, y la devolvió a su sitio. Él no infravaloraba a los Gitanos; defendían lo suyo, valoraban a la chica, y más que nada, peleaban sucio. Apreciaba eso. También calculó que podría robarles a la chica delante de sus propias narices-. Estoy negociando con un terrorista en Indonesia. Pronto iremos a la guerra. Hasta entonces-miró colina abajo hacia el campamento, la emoción de la persecución corriendo por sus venas-, pillaré unas cuantas gatitas Gitanas.
Oleg impactó la botella contra su cabeza.
Konstantine vio las estrellas.
Haciéndole un placaje por detrás de sus rodillas, lo tumbó y envolvió un codo doblado alrededor de su garganta.
-Si lo haces, deberás dejar el clan.
-¿Quién tendrá los cojones de echarme? -Konstantine miró dentro de los ojos de su hermano a modo de desafío-. No tú, Oleg.
-No. Yo no. Pero tal vez…tal vez la ley Gitana no viniera del primer Konstantine…sino de su creador.
-¿De su madre? -sus labios se curvaron-. Mató a su madre para sellar el pacto con su sangre.
-No. Del diablo-Oleg tiró del pelo de Konstantine-. ¿Nunca pensaste en eso? ¿Nunca has pensado que el diablo pudiera haber sido el que puso esa condición en el pacto?
-Por supuesto que lo pensé. ¿Nunca te preguntaste por qué? ¿Por qué habría de decirle el diablo al viejo Konstantine que no podía tocar a las mujeres Gitanas?
-Yo…no lo sé.
Konstantine se relajó bajo los brazos de su hermano. En un tono coloquial, dijo:
-¿Viste a la chica Gitana cuando estaba en el pueblo? -esperó-. Bueno, ¿la viste?
--Oleg era reacio a alimentar la obsesión de Konstantine, pero la entendía muy bien-. Es preciosa. Demasiada pequeña para ti, sin embargo.
-Pechos erguidos, cintura estrecha, pequeñas caderas, pelo oscuro-
-Le crecerá un bigote pronto.
-¿Qué me importa? No voy a quedarme con ella. ¿Pero te diste cuenta de esos profundos y oscuros ojos que lo ven todo? ¿Sabes por qué sus ojos son así? Porque puede ver el futuro.
Oleg bajó la guardia.
-Son Gitanos. Mienten para poder quitarles el dinero a los humanos crédulos.
-No, escuché a su gente hablando-creyeron que era un perro. La chica no dice la fortuna. Tiene visiones. Quiero que tenga a un hijo mío.
-Un hijo. No puedes tener un hijo con ella. ¡Es Gitana!
Konstantine agarró con fuerza las muñecas de Oleg.
-Piénsalo bien, Oleg. Abre tu pequeña y diminuta mente. Imagina un hijo con mis dones y sus visiones combinados. Sería poderoso, tan poderoso que El Maligno lo temería. Es por eso que no podemos yacer con las Gitanas. Porque mi hijo podría tomar el lugar del diablo como líder del infierno.
Oleg volvió a sentarse, su expresión horrorizada.
-A veces, Konstantine, estás loco.
Y tan pronto como Oleg perdió la oportunidad de mantenerlo agarrado, Konstantine cambió.
Donde había estado tumbado sobre la tierna hierba, había un montón de ropa, y sobre ellas se erguía un enorme y musculoso lobo de pelaje castaño-un lobo que era Konstantine.
Oleg se debatió por recuperar el agarre, pero el lobo cogió la mano de Oleg entre sus dientes y mordió hasta que los huesos crujieron.
-¡Puto govnosos! -aulló Oleg.
Konstantine lo soltó. A veces Oleg necesitaba ser puesto en su lugar.
Trotando colina abajo, entró en el campamento. Casi a la primera, captó la esencia de la chica-un cuerpo joven, fresco y limpio. Se mantuvo lejos de los hombres, queriendo no meterse en problemas hasta que tuviera su presa a la vista, y que nadie le prestara atención, porque los lobos viajaban en manada, y los canes aislados no eran un incordio. Siguió a su olfato, y allí estaba ella, sentada con las otras niñas, escuchando y hablando, riéndose de las payasadas de otra que estaba haciendo un sombrero de piel, todas usando un huso para convertir la lana en hilo. Se mantuvo fuera de la vista de la hoguera, observando.
Sus intenciones eran frías y calculadoras, cierto; quería un hijo nacido de sus entrañas. Pero el acto sería un placer, porque la chica era muy guapa.
Inesperadamente, algo frío corrió por su espina.
Peligro.
Miró a su alrededor. Los hombres estaban bebiendo, y no se habían percatado de su presencia. Oleg no se atrevería a interferir de nuevo; probablemente estaría aún curando su mano y maldiciéndolo.
¿Entonces dónde estaba el peligro?
Allí. En el lado más alejado de la hoguera. La anciana.
¡Clac! Estaba espantada, la corazonada de una vieja bruja con las cejas tan oscuras y salvajemente rizadas que se podían ver desde esa distancia. Tenía una de esas blandas, protuberantes narices de señoronas que se curvaba sobre sus labios arrugados. Lo peor de todo era que, bajo esas arrugas y el pelo cada vez menos abundante, vio un retazo de belleza. Era como si le hubieran echado un maleficio, que le causara vejez.
Estaba seguro de que su abrigo de pelo castaño y su inmovilidad lo esconderían de ojos humanos, hasta que ella miró directamente hacia él, sus grandes gafas de monturas negras agrandando sus atemorizados ojos. Lentamente alzó su mano y lo señaló con su torcido dedo.
El silencio cayó sobre las niñas, y todas se giraron a mirarlo como si fuera uno solo.
-Varinski -dijo, y la palabra era una maldición.
-No seas tonta, vieja. Los Varinski no nos molestan.
-Varinski -dijo la anciana de nuevo.
¿Cómo lo había sabido? ¿Cómo lo reconoció?
Entonces la niña, la que tenía las visiones, se levantó con el huso en la mano.
-Iré a comprobarlo, anciana.
Era más fácil de lo que esperaba.
La chica comenzó a caminar hacia él.
Él absorbió al lobo y volvió a ser un hombre.
-¡No! -gritó la mujer con una fuerza sorprendente.
La chica se giró y caminó de vuelta hacia él.
-Está todo bien. Tengo que coger más lana, de todas formas.
Mientras la mujer luchaba por ponerse en pie, la hermosa Gitana caminó directa hacia los brazos de Konstantine. No gritó; él no le dio la oportunidad. Con una mano sobre su boca, envolvió su brazo alrededor de su cintura, la levantó, y caminó hacia el extremo del campamento. Él estaba desnudo. Ella llevaba una falda.
Sería fácil.
Entonces la muy perra usó el huso para pincharlo en el costado.
Él la soltó y rugió.
Ella gritó tanto como le permitieron sus pulmones, y gateó para escapar.
Pudo vislumbrar a los sorprendidos hombres llegando y cargando contra él. Agarrando su brazo, la giró hacia él, y cuando levantó la aguja de nuevo, la arrancó de su mano y la lanzó a sus rescatadores.
-¡Poyesh’ govna pechyonovo! -rió, cogió al líder del grupo y lo arrojó con un puñetazo al centro de la masa de hombres que cargaba contra él. Lanzando a la pequeña Gitana sobre sus hombros, corrió a la oscuridad.
Ellos no podrían atraparlos, esos Romaníes. No tenían su velocidad, sus pulmones o sus instintos.
Después de varios intentos de golpearlo para hacerlo perder el equilibrio, la chica paró, pero él no cometió el error de creer que se había resignado. Sólo estaba esperando. Esperando a que él parase y pudiera combatirlo con toda su fuerza y espíritu. Lo hacía querer reír, esa pequeña cosa que quería apuñalarlo con aquel artilugio de mujer. Sería un placer domarla.
Media hora después, paró en un motel a las afueras de Poltava. Tenía un acuerdo con el posadero.
Allí, éste mantenía una cabaña disponible para Konstantine, y él lo dejaba vivir.
La chica estaba lacia, tiritando de frío, y sin aliento de haber estado golpeando el hombro de Konstantine. La empujó encaminándola hacia la puerta y el calor dentro de la habitación. Le permitió deslizarse por su cuerpo, y la mantuvo mientras recuperaba su equilibrio, esperando mientras ella lo examinaba.
No se molestó en mirarlo de arriba abajo; apuntó justo en sus genitales y los inspeccionó con indiferencia.
La mayoría de las mujeres se desmayaban o hacía sonoros arrullos. Entonces ella escaneó el resto de su cuerpo. Su mirada persistió en la evidencia sangrienta de su ataque con el huso. Dijo:
-Así que puedes ser herido-y sonrió.
No estaba asustada. Estaba furiosa, y preparada para atacar. Sólo medía apenas metro y medio de estatura, conteniendo un valor de dos metros y medio de desafío. No podría ser sometida; eso nunca funcionaría. Así que hizo algo fuera de su carácter. La besó.
No supo por qué. Nunca había besado a una mujer antes. El coito no requería ese tipo de intimidad. Pero algo en esa niña le hacía querer tocar sus labios con los suyos, y no era un hombre que se privara de sus deseos. Era un beso lujurioso.
Aplastó su boca contra la suya.
Frunció estiradamente sus labios para repelerlo, y al mismo tiempo, ciñó sus brazos con sus dedos.
Entonces…cuando su aliento tocó su cara, las sensaciones lo barrieron. No lo reconoció, se sentía como un fuego encendido en una estufa que nunca había tenido una llama. Deslizó sus brazos por su espalda, buscando la fuente de ese sentimiento.
Ella dejó de agarrar sus brazos y se mantuvo inmóvil. Entonces, oh dios, sus labios se ablandaron y se abrieron. Era como una ciruela madura lista para que él le diera un bocado-lo cual hizo, el más gentil mordisco en su exuberante labio inferior.
Ella brincó, y cuando él la lamió, volvió a brincar.
Su lengua tocó la suya, y tan rápidamente como un incendio forestal, el calor rugió fuera de control. Su beso se convirtió en un intercambio de sabores, roces, pasiones, almas. Su beso los consumió, cegándolo del peligro y llevándolo a la locura.
Nunca más cogería a otra mujer. La quería a ella, la Gitana. Nunca otra mujer.
Cuando finalmente se apartaron, sin aliento y asombrados, él miró el interior de sus oscuros ojos castaños, y vio su destino. Eso era por lo que debía tenerla.
Eso era por lo que el diablo se la había prohibido.
Cuando habló, su voz era ronca y llena de pasión.
-Mi nombre es Zorana.
-Zorana -repitió. Conocía bien la magia contenida en un nombre; supo, también, que ella se lo había regalado con una parte de su alma-. Mi nombre es Konstantine.
-Konstantine -asintió.
Cogiendo su mano, lo guió hacia la cama. Para él fue como si el universo hubiera cambiado, convertido en un lugar donde las antiguas normas no eran aplicables, y la frescura traía esperanza, por mucho tiempo apagada, ahora devuelta a la vida.
Estaba en lo cierto.
Pero ningún hombre desobedecía abiertamente la autoridad del diablo sin temibles consecuencias.

Entre las sombras - Primer capítulo

Prólogo

En la frontera entre El Tíbet y Nepal

-No eres normal.
-Sabes, Magnus, que cuando te emborrachas, ese acento irlandés tuyo se vuelve tan marcado que apenas te entiendo -la voz de Warlord era suave y tranquila. Y tan mortífera como el whisky de malta que habían robado.
-Tú me entiendes perfectamente -Magnus sabía que nunca hubiera tenido los cojones de hacer ningún comentario sobre Warlord, sin importar lo cierto que fuera, si no estuviera jodidamente oscuro, en mitad del Himalaya, en mitad de la nada, y si él no se hubiera bebido un pequeño trago de ese fino whisky-es decir, casi toda la botella para él solo. Y si no fuera el segundo al mando de las tropas mercenarias, con la responsabilidad de mostrarse ebrio.
-No eres normal, y los hombres de aquí lo saben. Murmuran que eres un licántropo.
-No seas ridículo -Warlord se sentó muy por encima del campamento, su silueta contra el cielo nocturno, su brazo curvado alrededor de su rodilla, rifle en mano.
-Eso es lo que también les dije. Porque soy escocés. Sé mucho más que ellos. No existe tal cosa como los hombres lobos -Magnus asintió sabiamente, y rompió el precinto de una segunda botella-. Hay cosas mucho peores que eso. ¿Sabes por qué lo sé?
Warlord no dijo nada.
Nunca decía una palabra que no fuera necesaria. Nunca era amable. Nunca era agradable. Mantenía sus secretos, y era la cosa más endemoniadamente mezquina en la lucha que Magnus había podido ver en su vida. Ahora, mientras sus muchachos estaban celebrando su último saqueo, él estaba haciendo guardia en el punto más alto con vistas hacia su guarida. Para un hombre que destacaba en el robo a turistas ricos y oficiales del gobierno, y que nunca cavilaba a la hora de matar cuando la ocasión lo requería, era endemoniadamente decente.
Magnus continuó:
-Crecí en las desoladas Islas Hébridas, lejos al norte, donde el maldito viento sopla todo el tiempo, ni una sola planta se atreve a crecer, y los viejos cuentos son repetidos una y otra vez en las largas noches de invierno.
-Suena bien como lugar para crecer -Warlord cogió la botella del puño de Magnus y la inclinó hacia su garganta.
-Eso es -Magnus observó a su líder-. Tú no sueles beber.
-Si vamos a rememorar algo, debería usar algo para amortiguar el dolor -Warlord era un oscuro borrón contra las estrellas-un borrón antinaturalmente oscuro.
Por la mañana, Magnus se arrepentiría de haber soltado su lengua de ese modo. Como todos los hombres de allí, y había sido marcado por la crueldad y la traición, la única maldita cosa en la que destacaba era la lucha, y si alguna vez era capturado por algún gobierno en el mundo, sería colgado-o peor.
Pero el whisky lo volvía sociable, y confiaba en Warlord-él creaba las normas, y era implacable a la hora de hacer que los demás las cumplieran, pero era condenadamente justo.
-¿Echas de menos tu hogar, entonces? -preguntó.
-No pienso en ello.
-Es cierto. ¿De qué sirve? No podemos volver. No nos querrían. No con tanta sangre en nuestras manos.
-No.
-Pero hoy nos lavamos parte de esa sangre.
Warlord alzó sus manos y las miró.
-Las manchas de la sangre nunca se van.
-¿Cómo lo sabes?
-Mi padre me lo dejó muy claro. Una vez que das voluntariamente un paso hacia el demonio, estás marcado de por vida y destinado al infierno.
-Sí, mi padre decía las mismas tonterías, justo antes de desatarse el cinturón y golpearme con él -Magnus se encorvó, para luego animarse de nuevo-. Esos monjes budistas de hoy fueron agradecidos, sin embargo. Nos bañaron con bendiciones. Eso nos puede ayudar. ¿Es ese el motivo por el que los dejaste libres?
-No. Los liberé porque odio a los matones, y esos soldados chinos son unos capullos que piensan que es divertido usar a esos hombres benditos como práctica de tiro -la voz de Warlord vibró con furia-. No lo soportas. Pero esta vez nos pagaron con algo más que bendiciones.
Para el asalto había sido beneficioso, cargándolos con armas de fuego, munición, y un general chino que había renunciado a su licor y su oro para mantener las fotografías de su affaire secreto con el hijo menor del presidente comunista.
Magnus sonrió abiertamente mientras mirada hacia delante, al este, donde un brillo en el horizonte marcaba la luna creciente.
-Tú y yo, hemos ido de putas juntos. Hemos peleado juntos. Y sigo sin entender cómo pareces saber siempre dónde está escondido el dinero y el alcohol, y dónde hay mayor número de escándalos.
-Es un don.
Magnus agitó su dedo hacia él.
-¡No me distraigas con tus disparates! ¿Cómo llegaste a ser tal criatura?
-Del mismo modo que tú. Maté a un hombre, huí, y terminé aquí -Warlord elevó la botella y brindó por las cumbres nevadas que dominabas sus vidas-. Aquí, donde la única norma es la que yo hago, no tengo que rogar por piedad a nadie.
-Sabes que no es eso a lo que me refiero. Algo está mal contigo. La sombra que proyectas es demasiado oscura. Cuando estás enfadado, hay una especie de -Magnus movió sus dedos en un contoneo- resplandor trémulo en los bordes. Tienes un modo de aparecer de la nada, sin sonido alguno, y sabes cosas que no son asunto tuyo, como ese general chino que sodomizaba a ese chaval. Los hombres aseguran que no eres humano.
-¿Por qué dicen eso?
-Por tus ojos… -susurró.
-¿Qué ocurre con mis ojos? -Warlord volvía a tener ese tono suave y mortífero en su voz.
-¿Te has mirado en un espejo últimamente? Jodidamente espeluznantes. Por eso los hombres te han seguido. Pero ahora hay quejas -Magnus se abrazó a sí mismo con un poco de disgusto.
-¿Por qué hay quejas? -preguntó Warlord con engañosa calma.
-Los hombres dicen que no estás prestando atención a los negocios, que estás distraído con tu mujer.
-Con mi mujer -los ojos obsidiana de Warlord refulgieron en la oscuridad.
-¿Creías que nadie se iba a dar cuenta que desaparecías por las noches? Te ven marchar, y entonces susurran entre ellos -Magnus intentó suavizar el ambiente-. Son una panda de viejas.
Warlord no se mostraba divertido.
-¿Y no están contentos con el resultado de esta incursión?
-Sí, pero hay más cosas además de tener una buena pelea y robar una gloriosa cantidad de dinero -Magnus fue al grano-. Los chicos están preocupados por su seguridad. Hay rumores de que los militares de ambos lados de la frontera están cansados de que metamos las narices en sus asuntos, y están enviando refuerzos.
-¿Qué tipo de refuerzos?
-No puedo responderte a eso exactamente. Están siendo demasiado reservados. Pero están también llenos de energía y, bueno…
Warlord se echó hacia atrás.
-¿Llenos de energía y…?
-Diría que también están asustados. Como si hubieran empezado algo que no pueden frenar. Seré franco contigo, Warlord. No me gusta nada de esto. Necesitamos que dejes de follarte a la chica y descubras qué está ocurriendo -ya está. Magnus le había dado el mensaje, y Warlord no le había arrancado la cabeza.
Aún.
Apoyó su espalda contra la roca. El granito estaba frío. Por supuesto. A excepción del breve verano, esas montañas estaban siempre frías. Y en ese valle, limitado por tres lados con acantilados, y por el otro con un desfiladero que daba a un río embravecido, el constante viento azotaba su escaso cabello y lo cortaba profundamente hasta los huesos.
-Odio este puto lugar -murmuró-. Nada bueno ha salido de Asia aparte de las especias y la pólvora.
Warlord se rió, y casi sonaba como si estuviera divirtiéndose.
-Tienes razón en eso. Mi familia es de Asia.
-No me tomes el pelo, no eres un chino.
-Un cosaco de las estepas, lo que actualmente es Ucrania.
Magnus sabía geografía; había trabajado en esa área del mundo como estafador y soldado.
-Ucrania… eso está cerca de Europa.
-Cerca sólo cuenta en el juego de las herraduras y las granadas de mano -Warlord miró hacia arriba, a las estrellas. Tomó un sorbo de whisky-. ¿Has escuchado hablar de los Varinski?
Magnus cambió de un estado apacible a uno con expresión homicida en pocos segundos.
-Esos hijos de puta.
-Has oído hablar de ellos.
-Hace ocho años estuve trabajando en el Mar del Norte, haciendo un poco de piratería, robando algunas cosillas, y tres Varinski me alcanzaron. Me informaron de que ese era su territorio, que iban a llevárselo todo -Magnus clavó su dedo contra la hendidura de su mejilla donde faltaba una muela-. Les dije que no fueran tan codiciosos, tenía suficiente para todos. Pero esos hombres… es por ellos que mi nariz está torcida. Es por ellos que me faltan tres dedos y dos meñiques. Estuvieron a punto de matarme, entonces me tiraron al océano para que me ahogara. Los médicos dijeron que fue por eso que no morí desangrado. Hipotermia. Varinskis -escupió el apellido como si fuera veneno-. ¿Sabes la reputación que esos monstruos tienen?
-Sí.
-Odio a esos hijos de puta.
-Ellos son mi familia.
Un terror gélido recorrió la espina de Magnus.
-Los rumores sobre ellos son…
-Todo cierto.
-No puede ser -Magnus se agarró firmemente al éxtasis inducido por el alcohol, que se evaporaba rápidamente.
-Dices que los hombres juran que no soy humano.
Magnus rechazó la idea con todo el ímpetu que logró reunir.
-Nuestros hombres son un puñado de salvajes ignorantes.
-Pero soy humano. Un humano con dones especiales… los más maravillosos, placenteros y tentadores dones -la voz de Warlord tejió un hechizo a su alrededor.
-No necesitas decírmelo. Soy todo un hombre guardando secretos -Magnus luchó por levantarse. La mano de Warlord se aferró a su brazo y lo sentó de nuevo de un tirón.
-No me dejes, Magnus. Querías saber.
-No quiero saber nada malo -murmuró.
-Querías consuelo. Te lo estoy dando -Warlord le pasó la botella. Se la pasó como si fuera a necesitarla-. Hace mil años mi antepasado, Konstantine Varinski, hizo un pacto con el diablo.
-Joder -Magnus siempre había odiado ese tipo de historias. Las odiaba porque creía en ellas.
Deseó que la luna apareciera de detrás de las sombras, pero apenas estaba a la mitad, y el lóbrego brillo asomaba entre ellas, pero no podía hacerlas desaparecer. Deseó que algunos de sus hombres le hicieran compañía, pero los muy estúpidos estaban en el valle, bebiendo, jugando, viendo sus estúpidos vídeos y vomitando. Nadie sabía que estaba sentado allí arriba, sonsacando secretos que deberían estar mejor enterrados, y ahora temeroso por su vida.
-Konstantine tenía su reputación en las estepas. Se complacía al matar, torturar, extorsionar, y se murmuraba que su crueldad rivalizaba con la del diablo -la voz de Warlord se tiñó de humor-. A Satán no le gustaban esas historias-juraría que es un pequeño vanidoso-y buscó a Konstantine para eliminarlo de la competición.
-No me digas que Konstantine venció al diablo -dijo Magnus incrédulamente.
-No, se ofreció a sí mismo como el mejor sirviente de Satanás. A cambio de la habilidad de poder dar caza y matar a sus enemigos, Konstantine prometió su alma, y la de todos sus descendientes, al diablo.
Magnus miró detenidamente a Warlord, intentando verlo, pero como siempre las sombras alrededor de su líder eran densas, oscuras, impenetrables.
-¿Eres su descendiente?
-Uno de muchos. Hijo del actual Konstantine -los extraños ojos de Warlord brillaron en la oscuridad.
-Te lo dije. Largas noches de invierno, y todos los viejos cuentos para asustar a los niños.
-Los niños deben ser asustados -Warlord bajó el tono de su voz hasta convertirla en un susurro-. Deberían temblar en sus camas y saber que criaturas como yo merodean por su mundo.
Magnus sabía lo diabólico que era. Su padre lo había sermoneado cada día mientras intentaba sacar la rebeldía de él. Era por eso que, ahora… casi podía sentir las ascuas del infierno quemando su carne.
-Es un cuento fantástico -aclaró su garganta-. En mil años, imagino que habrá conseguido unos cuantos adornos. Algunos cuenta cuentos que la modificarán para hacer más excitante el relato… ¿no crees?
Un gruñido tenue retumbó, proveniente de la figura escondida de Warlord.
-¿Por qué otra cosa te crees que los hombres me buscan cuando quieren localizar a sus enemigos? ¿Por qué crees que me contratan? Puedo encontrar a cualquiera, en cualquier lugar. ¿Sabes cómo?
Magnus agitó su cabeza. Él no quería saber cómo.
Pero era demasiado tarde.
-A Konstantine Varinski y cada Varinski desde entonces, el diablo les legó la habilidad de convertirse en un animal depredador.
-Cambiar… -la luz de la luna los alcanzó entonces, y Magnus fijó su mirada en Warlord. La fijó porque tenía miedo de apartar su vista de él-. ¿Entonces eres un hombre lobo?
-No, los Varinski no somos estúpidas bestias dominadas por las fases de la luna. No somos controlados por nada que no sean nuestros propios deseos. Cambiamos cuando queremos, cuando lo necesitamos. Tenemos largas vidas, engendramos sólo niños, y nada a excepción de otro demonio puede matarnos. Dejamos un rastro de sangre, fuego y muerte allá donde vamos -Warlord se rió, un ronroneo gutural.
-Somos la Oscuridad.
-Sí, lo sois -Magnus veía la oscuridad cada vez que miraba dentro de sus ojos. Aún discutía consigo mismo, porque no quería que fuera cierto-. Pero no eres ruso. Eres de Estados Unidos.
-Mis padres huyeron, se casaron, se mudaron al estado de Washington, cambiaron su apellido a algo que sonara bien, sólido y muy americano, y nos criaron a mis dos hermanos, a mi hermana y a mí. No aprueban, especialmente mi padre, esa cosa del fuego, la sangre y la muerte de los Varinski. Dice que tenemos que controlarnos -la amargura de Warlord era marcada y furiosa-. El control es una mierda. Me gusta la sangre, el fuego y la muerte. No puedo luchar contra mi naturaleza.
Inténtalo. Por la gloria de Cristo, inténtalo.
-¿El pacto puede romperse?
Warlord se encogió de hombros.
-Se ha mantenido por miles de años. Imagino que se mantendrá por otros miles más.
La cabeza de Magnus daba vueltas, y el arroz y el cordero que había comido en la cena guerreaban contra el whisky escocés.
-Pero no eres como los Varinski que he conocido. ¿Seguro que eres uno de ellos?
-Quiero que convenzas a los hombres de que no tiene por qué preocuparse. Puedo mantenerlos a salvo de cualquier refuerzo que los militares hayan enviado -Warlord depositó su rifle en el suelo. Se quitó las botas, dejó a un lado su abrigo y su camisa. Se desató el cinturón, bajó sus pantalones y se puso en pie, dejando que el débil resplandor de la luna lo bañara.
En aquellas largas noches de invierno cuando las putas visitaban el campamento, Magnus había visto a Warlord desnudo y en acción. Era sólo un hombre, un chaval que hacía de la lucha su vida. Pero ahora, por los bordes, su silueta se volvía algo menos…definida.
Magnus elevó la botella hasta su boca. Su mano temblaba, y la boquilla de cristal tintineaba contra sus dientes.
-Voy a cazar…y matar -los huesos de Warlord de deshicieron y se reconstruyeron. Su largo pelo negro se expandió, apareciendo en su cuello, su espalda y su vientre, bajando por sus piernas. Su rostro cambió, tornándose cruelmente felina. Su columna vertebral cambió de forma; cayó a cuatro patas. Sus orejas…y su nariz…sus manos…y sus dientes…
Magnus pestañeó de nuevo.
Una lustrosa y grande pantera del color del ébano se erguía ante él con blancos, afiladas garras y dientes, y un pelaje tan negro como una sombra. Y sus ojos…
Magnus se encontró a sí mismo retrocediendo, gritando y gritando, mientras el gran depredador felino acechaba a sus espaldas, sus patas sin emitir ningún sonido, los familiares ojos negros de Warlord fijados en su presa… en Magnus.